LA (NO) HISTORIA DEL JAZZ EN CHILE

Por Miguel Vera-Cifras[1]

Hace tiempo George Orwell acuño el término “no-historia” para referirse, según Noan Chomsky: “al destino de las no-personas, borradas de la historia”, sujetos a quienes se les ha negado tradicionalmente el estatus de seres recordables debido a que no se ajustan a la mirada oficial, careciendo así de registro, relato, reconocimiento y aniversario; no figurando por tanto ni en cronologías ni recuentos.

Se considera a las cronologías uno de los sistemas de inscripción y datación más pedagógicos en la historiografía tradicional. Sin desconocer su impacto en la enseñanza y construcción del relato histórico, los Estudios de género han comenzado a revisar  y cuestionar este recurso discursivo, resituando sus alcances bajo la lupa de diversas consideraciones. Básicamente, las sospechas recaen sobre una serie de malentendidos generados a partir de su linealidad, su androcentrismo (trama genealógica-heroica centrada en  grandes figuras masculinas)y su énfasis en el espacio público, empleando nociones como la idea de progreso, expansionismo y jerarquización, con lo cual las cronologías se acercan peligrosamente a  lo que sería una “arcontología”, es decir, el estudio histórico de los altos cargos y de los puestos prominentes en una sociedad o institución (¿ha sido la historia del jazz en Chile construida a partir del relato de un reducido número de sujetos masculinos prominentes en un circuito masculino y androcentrado?).

Se le achacan a las cronologías “descriptivas”  muchos males y quizá más de los que en realidad tienen, confundiendo a menudo su distribución esquemática  con una explicación histórica -cosa que los cronólogos se esfuerzan enfáticamente en separar- sin embargo, el principal problema radica en considerar que se trata de hitos “objetivamente” relevantes como si la selección estuviera dada por la realidad misma. Lo que parece ir en contra de la idea de que no existen hechos o hitos fuera de las interpretaciones, que no hay descripciones neutras, sino visiones parciales que bajo el argumento de la objetividad o neutralidad terminan por imponerse o naturalizarse como si fuera la única visión posible o el punto de partida objetivo para posteriores interpretaciones.

Las cronologías han dejado de ser -tras estos cuestionamientos- un sistema abstracto, aséptico e inocente. Las historiadoras feministas se preguntan, entonces,  ¿es posible una cronología no-androcéntrica?; y de serlo, ¿cómo sería esta?

“Es que mujeres en el jazz en Chile prácticamente no hubo y si las hubo, eran cantantes melódicas, no jazzistas” es un comentario que suele escucharse cuando uno pregunta por ellas a los más viejos jazzmen en Chile. Sin embargo, habría que preguntarse si las mujeres antiguas en el jazz de Chile no tuvieron registro debido a su inexistencia como artistas, o más bien no aparecen dado que “no se las vio” por considerarlas irrelevantes o  “no importantes”. Atendiendo a que para el reconocimiento en la historia monumental se requiere contar con “obras” o logros institucionales, cosa que las mujeres por razones patriarcales difícilmente podrían ostentar, el circulo vicioso hace que jamás aparezcan en esta visión, salvo de manera tangencial, periférica o claramente excepcional.

En Chile, el jazz está próximo a cumplir 100 años y seguramente vendrán muchos recuentos y balances. Algunos ya avizoran la posibilidad de aprovechar la oportunidad de instalarse en aquella memoria futura. Si bien los aniversarios sueles ser un ejercicio de autocomplacencia y validación, nos permiten también regresar sobre lo recorrido como reserva histórica y examen de conciencia. Vale la pena, entonces, revisar cómo se ha elaborado el relato histórico sobre el jazz en Chile y qué sujetos han calificado para protagonizar su trama.

Durante el año 2016, HISTORIA DEL JAZZ EN CHILE fue una exposición abierta al público durante todo el mes de agosto en el GAM, un hito en el terreno de la memoria musical chilena. La muestra se propuso realizar una panorámica de los “hitos” más relevantes de esta música en Chile, repasando próceres, períodos y estilos de manera inevitablemente sumaria  y parcial. El visitante pudo  ver desplegados en la Sala de Artes Visuales de GAM un cuadro cronológico (que iba desde 1860 a 2013), junto a una serie de fotografías, documentos, audios históricos y filmaciones alusivas. Se sugirió a los organizadores de la exhibición incorporar una cronología de las mujeres en el  jazz en Chile (que partía con la presentación de la compañía Selected Jazz Band y 10 jazz girls en el American Cinema, de calle Arturo Prat, en 1923, pasando por las chilenas Dixie Lane, Kerry Keller, Teresa Orrego Salas, Elly Morgan, Gladys Ocampo, Carmen Olivero, Sophie Brown, Luz Eliana, Rita Góngora y muchas otras, hasta llegar a Claudia Acuña, Melissa Aldana, Bernardita Fiorentino y Natalia Ramírez –entre muchas otras – en la actualidad). Finalmente dicha tabla no se incluyó, aunque sí se incorporó un artículo alusivo de quien escribe en el catálogo de la exposición.

Es probable que una de las tragedias más grandes de la historia sea precisamente la de ocultar la no-historia alojada dentro de sí, por lo cual  quizá una panorámica de los hitos relevantes en una cronología tradicional, nos ofrezca un posible reverso intersticial que nos permita acceder a lo que no hemos visto ni escuchado, lo que hemos barrido bajo la alfombra, reducido como retazo, hilván o residuo rezagado, olvidado y pendiente todavía en un relato más justo de la historia del jazz en Chile.

[1] Licenciado en Literatura (U. de Chile). Magister en Musicología Latinoamericana (U. Alberto Hurtado). Director y conductor de Holojazz (Radio Universidad de Chile).