Juan Pablo Rivera “La voz fue una forma de reinventarme que no fue fácil”

A un año de haber lanzado su segundo disco “Retrato hablado”, el músico Juan Pablo Rivera se presentará en el ciclo de Holo Jazz este Miércoles 25 de Octubre junto a su banda formada por los músicos Mauricio Rodríguez, el contrabajista Sebastián González y el baterista Gustavo Díaz. También estará presente como músico invitado el saxofonista Rob Haight.

En el contexto de su participación en el ciclo “La voz: rostro invisible” quisimos conversar con Juan Pablo para conocer en profundidad su proceso de pasar de bajista a cantante, las percepciones sobre su reinvención musical y el jazz vocal en Chile.

Por Gabriela Álvarez.

¿Cómo has llevado este período de publicar tu segundo disco?

En un comienzo cuando saqué el disco hubo un pequeño boom en cuanto a presentaciones. Participé en el Festival de Jazz de Recoleta y además salieron bastantes eventos privados. Sin embargo, después comienza a ponerse más lento y en Chile siempre hay que estar autogestionando, algo que yo no soy muy bueno para hacer y que quiero aprender. Pero pienso que sirve tener dos discos o una buena página web, actualizada y con los discos disponibles ahí para escucharlos enteros.

A diferencia de mi primer disco, en Retrato Hablado me identifico más pues logré conectarme con un repertorio ecléctico y temas de distintos estilos dentro del pop y el jazz. Hay un tema original que compuse y que se llama “El vigía”, pero soy mucho más de reversionar temas y darles un sello nuevo, lo que también tiene un valor artístico propio. Quizá para otra gente no tiene igual valor pero yo lo veo así.

¿Sientes que un trabajo con repertorio norteamericano es valorado en un contexto chileno?

El jazz es una música que nació en Estados Unidos y esa es la tradición. Si vamos a tocar tango tenemos que ir a Argentina y ver ese repertorio. Esta es una pregunta que no se hace la gente al hablar de música instrumental pero por algún motivo como yo hago jazz vocal me lo han preguntado varias veces. Y yo prefiero el jazz que se generó en Norteamérica porque me gusta el estilo, el swing y las letras, aunque a veces pasan a un segundo plano si no las entiendes. Para mí es importante el saber pronunciar y entender de qué se trata el tema. Que me guste musicalmente y líricamente. Yo encuentro que si tú haces lo que te gusta, lo vas a hacer de forma honesta y eso es lo que la gente va a valorar, independiente del idioma.

¿Y te parece que haya una real valoración de la voz en Chile? Lo pregunto pensando en que dos figuras fundamentales de la música no son reconocidas en su calidad de cantantes.

Claro, últimamente hemos visto muchos proyectos basados en la obra de Violeta Parra y Víctor Jara, lo que me parece que está bien. Me gustaría ver más reversiones y no a los mismos familiares pues se les ha pasado la mano en esto de invertir tantos recursos en ellos cuando podríamos apoyar proyectos distintos.

Y el jazz es una música muy difícil de cantar y requiere de estudiar mucho para poder llegar a cantar más o menos. En estilos como el pop, rock y el folclor está bien si no eres un cantante muy técnico o virtuoso, pero en el jazz es raro porque un cantante no va a tomar un estilo que le va a quedar grande. Así que yo me he esforzado mucho para poder hacerlo, y el estilo que hago de jazz vocal y repertorio norteamericano cantado en inglés la verdad es difícil gestionarlo. Hay gente que le gusta el jazz pero no el cantado. Y no importa, yo lo hago por convicción, porque es lo que me gusta y lo que me sale. No me voy a cambiar de estilo para darle el gusto a la gente o ser más masivo, no creo en eso. Siento que tengo que hacer lo que más me gusta, sino no lo voy a hacer bien.

Llama la atención encontrarse con músicos que empiezan primero con un instrumento y luego pasan al canto. No es el camino más común

Yo partí estudiando bajo eléctrico con Pablo Lecaros a los 17 años y ahí toqué mucho en el circuito del jazz, en el grupo de Daniel Lencina y en Almendra trío con Mauricio Rodríguez, guitarrista que toca conmigo. Cuando me fui a estudiar jazz a Estados Unidos a la universidad William Paterson con el bajista Rufus Reid, ahí empecé a meterme en el canto. Pero la razón por la que dejé el bajo fue porque tuve que operarme el brazo 3 veces por un problema neurológico y nunca quedé bien al 100%. Fui dejando el bajo de a poco y el canto fue como lo que me quedaba, no se me ocurría qué más hacer. Cuando empecé a ir a las jam sessions patudamente me puse a cantar. Varios músicos me alentaron a hacerlo en serio y empecé a tomar clases primero con Consuelo Schuster y después con Omar Lavadié, que me ayudó mucho. Me dediqué totalmente al canto. De hecho, fue una etapa muy dolorosa para mí porque no pude tocar más y la voz fue una forma de reinventarme que no fue fácil. Tuve que partir de cero y no tenía idea cómo cantar jazz, que es un estilo tan difícil. Lo que sí tenía desarrollado era la parte teórica de la música y eso me ayuda hasta hoy pues hago mis propios arreglos. Fue un período bastante largo haciendo esta transición, que es inusual que alguien haga ese cambio y por eso a veces me han criticado de que yo no soy muy cantante. Pero bueno, es mi historia y es la forma en que fui desarrollándome. Y lo sigo haciendo técnicamente, practicando, estudiando canto, tomando clases con distintos profes.

¿Qué hace la diferencia entre un crooner y un cantante de jazz?

Mira, a mí no me gusta mucho el concepto, eso es algo inventado por los americanos y significa un cantante de canciones populares románticas. Está mal empleado el concepto cuando a todos los cantantes de jazz les dicen así. No me considero crooner porque me siento más cantante y músico de jazz. No soy crooner, hago repertorio de jazz moderno y por eso no me identifico con ese concepto.

 

Próximas presentaciones

Miércoles 25 de octubre, a las 21:30 hrs. Sala Master de Radio Universidad de Chile.
Concierto de Entrada Liberada en el contexto del ciclo “La Voz: rostro invisible” producido  por Holo Jazz

Jueves 16 de Noviembre, en Concepción

Bar Callejón, a las 21 horas